Albatros el barco que vive

¿Los barcos tienen alma?

Quiero compartir esta historia fantástica escrita por Cristina Cioffi. No he podido contactar con ella para solicitarle autorización, por lo que la publico sin permiso, pero con admiración y respeto. Cuando la leí, me emocionó hasta las lágrimas, es un cuento que llegará al corazón de quienes posean espíritu marinero. Y no, no hay que ser navegante, ni haber embarcado nunca para tener espíritu de marino, hay muchos que navegan y no lo tienen. El alma marinera es algo más que pisar la cubierta de un barco, no se puede describir. Pero, si te emocionas con esta historia, albergas el mar en tu alma, aunque no lo sepas.


El barco que vive
por Cristina Cioffi


Durante 5 años , estuve observando cómo mis compañeros de viajes, llegaban a puerto y volvían a zarpar. Algunos regresaban en el mismo día, otros lo hacían más tarde, la mayoría no regresaba jamás; seguían surcando los mares.

Siempre me pregunté: ¿habrá alguno con un destino como el mío?

Con muchas sirenas y bengalas, una mañana, luego de vaciarme y arrancarme mis entrañas, fui lentamente sumergiéndome hasta llegar al lecho de este mar azul.
Sentí que mientras algunos aplaudían la hazaña de un par de hombres, nadie podía llorar mis lágrimas frías, azules, cristalinas, profundas, inmensas, solitarias… porque ya no podré jamás surcar mares azules, ni escuchar mi propia sirena, ni ver las olas gigantescas.
No había comprendido mi propia historia, hasta que llegó a visitarme una mujer. Una mujer que supo acariciarme. Una mujer, que me abrazó, que descubrió su rostro para darme un beso. Una mujer que comprendió mi tristeza, y ella me habló al oído.

– Te sientes solo? … me preguntó.

– Sí , sólo vienen a ver cómo me voy poblando, estudiosos, científicos, interesados en observar cómo mi cuerpo sirve para vestirse de algas y peces… pero en realidad, nadie, hasta que llegaste tú, me había hablado, ni me había recorrido pegado su cuerpo al mío. Nadie me preguntó jamás cómo había sido mi vida, si había estado enamorado.
No me dieron la oportunidad de contarles que vi muchas lunas rodeadas de estrellas y que, con ellas, yo hablaba. Les decía, por ejemplo, que viví una historia de amor y de silencios; una historia con una estrella gigante que al amanecer me hacía guiños y que siempre, siempre, estaba delante de mi.

– Yo también viví una historia de silencios y tú fuiste mi testigo.

– ¿Yo?

– Si! tú. Por mi trabajo vine a conocerte, y junto a mi estaba el hombre que te hundió. él estaba convencido que por ti hizo lo mejor. Hundirte, sacarte del cementerio de barcos, para que muchos te visitaran y te llenaras de vida. Y sin querer, aquí, frente a ti, a 27 metros, mientras yo te acariciaba, el me miró sonriente y tomó mi mano… él no sabía que yo hablaba contigo. Y nació una historia…

– ¿Una historia de amor?

– Sí! pero también es una historia de distancias y silencios… también es de lunas y de soles… estrellas y lágrimas… pero hay que algo que tú no sabes.

– ¿Qué?

– Que tú vives en ese amor de olas y silencios, en ese amor de atardeceres rojos, en cada estrella que se cae del cielo y se convierte en una estrella de mar. También vives en esa anémona que ama al cangrejo, y en los caracoles que están sobre estribor. Vives en cada milímetro de todos esos seres que bailan a tu alrededor. Vives en las algas que te coquetean, vestidas de verde. Vives en las entrañas de este mar azul. Vives en la Luna que se acuesta a descansar en tu interior; mientras ella duerme, tu la acunas. Y cuando vive, esa misma Luna, su historia de amor y desencuentros con el Sol, tú le entonas una hermosa canción con hilos de plata… con hilos de color azul.

No estés triste, no te sientas solo, tú eres parte de la vida… la vida llena de Dios.

Tu cuerpo es el templo del Dios viviente… la vida llena de Dios.


ALBATROS, ALGUNOS DATOS

Antes del hundimiento se efectuaron las siguientes tareas:

1) Desmontaje
2) Vaciado de líquidos contaminantes
3) Extracción de toda la maquinaria
4) Acondicionamiento para permitir un hundimiento controlado en la zona escogida
5) Relleno de cemento para estabilizar la estructura

El 19 de septiembre de 1998, el día elegido para el hundimiento, el Albatros partió acompañado de diferentes naves que lo escoltaron hasta su lugar de descanso definitivo.

El prefecto de la Prefectura Naval Argentina, José Luis Osa, fué el responsable del hundimiento, que tuvo lugar en el Golfo Nuevo, en Puerto Madryn, provincia de Chubut, Patagonia Argentina.

A las 11:15, en medio de una calma total y envuelto en el humo de las bengalas el barco comenzó a hundirse lentamente.