Amazon

Un estudiante se gradúa, digamos de ingeniero, con su flamante título bajo el brazo comienza a recorrer compañías en las que deja su currículo, y espera, espera, espera… Y con suerte alguna de esas industrias le contesta: “lo lamentamos pero en estos momentos no es posible, bla bla bla”. Luego de reiterados rechazos decide trabajar como autónomo y monta su propia empresa.

Un escritor completa la última corrección, digamos de una novela, con su flamante manuscrito bajo el brazo comienza a contactar editoriales y agentes literarios a los que envía su propuesta editorial, y espera, espera, espera… Y con suerte algún editor o agente le contesta: “lo lamentamos pero en estos momentos no es posible, bla bla bla”. Luego de reiterados rechazos decide trabajar como escritor indie y publica su obra en Amazon.

Algunos de los escritores rechazados de manera reiterada han sido: James Joyce, Stephen King, George Orwell, J-K- Rowling, Vladimir Nabokov, John Le Carré, Rudyard Kipling, y una enorme lista que incluye a John Kennedy Toole, necios agentes y editores que se conjuraron contra él. Por fortuna su madre tuvo la insistencia suficiente para que el mundo conociera a Ignatius Reilly. ¿Cuántos Ignatius Reilly no habremos podido conocer porque los autores se cansaron de insistir?

A juzgar por la perspicacia, el olfato literario y la idoneidad de los editores y agentes que han rechazado a tantos escritores notables, no creo que nadie deba sentirse disminuido por un rechazo o por múltiples rechazos. ¿Que hacer? ¿Seguir enviando propuestas editoriales? ¿Tirar la toalla? ¿Suicidarnos? ¡Pues no! Las cosas han cambiado, ahora se puede publicar en plataformas como Amazon y que sean los lectores los que aprueben o rechacen al escritor.

La tecnología está trastocando el mundo editorial, cualquiera que escriba algo decente tiene la posibilidad de ser publicado. Tal vez muchos de los libros publicados no tengan las cualidades para llegar a ser best sellers. Aunque, entre esa enorme cantidad de publicaciones, estoy persuadido que habrá bastantes que destaquen y lleguen a millares de lectores sin pasar por el juicio falible de agentes o editores.

Pero, no es suficiente con subir los manuscritos a Amazon y sentarnos a esperar, en ese caso los libros se convierten en la lombriz del pescador, si hay suerte y la lombriz es atractiva se podrá pescar a los que por casualidad se hayan topado con nuestro anzuelo. Entonces, tal como aconseja Antón Chéjov, habrá que descolgar el rifle de la pared y utilizarlo para cazar lectores, ¿cómo? Amazon mismo nos provee herramientas de promoción.

Con los recursos de Internet, sin movernos de casa podemos hacer presentaciones de nuestros libros, tener un blog, un sitio web, etc. Según nuestras capacidades, se pueden obtener buenos resultados. Por supuesto, la primera de las capacidades que hay que tener es la calidad de lo que escribimos. No pretendamos ser geniales, muy pocos pueden serlo, pero, tampoco decepcionar con un bodrio literario.

He dicho.

Author: Rolo Graziano

Albañil de Letras

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